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UN TESORO PIGMEO A PUNTO DE VOLAR

Publicado el 23 Ee febrero Ee 2016 a las 0:15 Comments comentarios (11)

UN TESORO PIGMEO A PUNTO DE VOLAR

 ROSA ES HUÉRFANA DE GUERRA. NO TIENE FAMILIA PERO CORRE EL RIESGO DE QUE OTROS PIGMEOS, SIN CONOCERLA, SE LA LLEVEN


SU FUTURO CUESTA 500 EUROS




 

Probablemente nació en el interior de un "Mongulu", choza que construyen las mujeres pigmeas con maderas y hojas mientras sus maridos cazan. En el centro, una lumbre para calentar, combatir la humedad y conservar la "casa". O no, porque Rosa es huérfana de guerra y su familia seguramente tuvo que huir una y otra vez de los grupos armados, que se escondían en la selva. Y donde los pigmeos fueron víctimas de masacres y canibalismo durante todos los años de guerra en Congo.

No existe un censo indígena pero algunas fuentes cifran en 300.000 los pigmeos que quedan en toda el África ecuatorial. Los conflictos bélicos, las enfermedades y la deforestación les están mermando. De baja estatura, miden entre 1,10 y 1,40, viven principalmente de la caza y buscan alimentos en el bosque. Intercambian trabajo sólo con pueblos vecinos, algunos son esclavos de los bantúes. Una minoría estudia con alguna beca. No les gustan mucho las visitas y se defienden unos a otros a muerte.

A Rosa no la conoce nadie. Su madre murió a los dos meses de nacer ella y su padre, poco después. Desde entonces es huérfana y es imposible encontrar a nadie de su familia. Su raza la hace poco apetecible para una familia adoptante porque, igual que quien la cuida ahora, temen que noticias suyas atraviesen la espesura de la selva y cualquier pigmeo venga a llevársela a toda costa. Condenándola al retraso y a una vida sin oportunidades.

Pero hay alguien que quiere que Rosa tenga un futuro. Alguien que cree que, teniendo la oportunidad de estudiar, podría llegar a ser un referente para su etnia. Ser la voz de sus ancestros e incluso apoyar en foros internacionales la protección y el desarrollo de los pigmeos. No puede acogerla en su casa por un motivo incuestionable. Pero ha buscado entre las piedras una familia para ella. Para cumplir lo que quizá sea un sueño pero al que ni siquiera se opta si no existen raíces sentimentales.


Al final, como en muchos otros casos, son los pobres los que ayudan a los más pobres. Y necesitan ayuda.

Mwamini y Gabriel tienen varios hijos mayores, otro de 4 años, la edad de Rosa, y un bebé. Son sensibles y han asumido la responsabilidad de darle a la pequeña pigmea una familia. Pero no pueden costear totalmente su educación ni el proceso burocrático que formalizará la adopción. Este cuesta 500 euros. Es el primer paso. Será la puerta de entrada de Rosa a un hogar, a un calor del que no se acuerda. A su futuro.



 

 

Más adelante Mwamini y Gabriel tratarán de pedir becas para que pueda continuar en el colegio. Pero Rosa ya estará en casa. Habrá compartido comidas y cenas con sus hermanos. Habrá hecho suyo al menos un colchón. Y habrá recibido un beso de buenas noches de alguien a quien podrá llamar mamá.

Y quizá Gabriel le podrá contar ese cuento de un antiquísimo pueblo congoleño cuyos habitantes de baja estatura, aferrados a sus arcaicas costumbres y a su cultura, luchan por no desaparecer del corazón de la selva.


¿QUIERES AYUDAR A ROSA? www.kivuavanza.com     ES87 1491 0001 22 2089655522

 

REGALO DE REYES: DAR A LUZ CON DIGNIDAD

Publicado el 17 Ee diciembre Ee 2015 a las 11:55 Comments comentarios (0)



 

Acuden al centro de salud de las colinas de Ibatama, en Kivu Norte. En esta construcción de barro y caña trabajan por turnos cuatro enfermeros que atienden urgencias y consultas básicas. También traen niños a este mundo.

Es una zona rural; dispersas por la ladera Rwenzori hay multitud de casas. En total en ellas viven unas 30.000 personas; todas tienen este centro de salud como primera referencia.

En los últimos años aquí han nacido cerca de 300 niños. Sus madres, tras una larga caminata o un accidentado traslado, han llegado aquí para dar a luz.

Y lo han hecho en esta cama. Eficaz, pero poco estable, dura e incómoda.


KIVUAVANZA, con vuestra ayuda, ha conseguido poner un techo al centro de salud de Ibatama. El agua ya no les cae a borbotones encima.

Nuestro siguiente objetivo: que las mujeres embarazadas alumbren con dignidad. Que sufran lo menos posible en el parto y que puedan descansar tras él.

Una cama obstétrica moderna puede costar entre 1.500 y 2.000 euros. Queremos que este sea nuestro regalo de Reyes. Esperamos conseguirlo con LA AYUDA DE TODOS.

 

IR AL COLEGIO, UN DESEO NO SIEMPRE CUMPLIDO

Publicado el 1 Ee diciembre Ee 2015 a las 17:15 Comments comentarios (0)

 



 

Nos mira en la iglesia. Mientras el hermano Paluku Gilbert nos da la bienvenida en público, ella nos observa de reojo. Tiene curiosidad, se le nota. Me distraigo y ya no la veo. Se habrá ido, pienso. Pero nada más salir del edificio la observo a un lado, con la mirada baja, esperando. Retrasa sus pasos para encontrarse conmigo. Y finalmente soy yo la que me acerco a ella.

 

« Hola, soy Justine », me dice, « Bienvenida , gracias por visitarnos », sigue. Y despliega una sonrisa inocente en la que veo sinceridad y frescura. No lleva adornos en el pelo, lo mantiene muy corto, como muchas de las chicas de Kyabakadde, cerca del Lago Victoria en Uganda. Y hoy se ha vestido con una falda y una sudadera de cuadros rojos y negros. Su cremallera semibajada deja entrever una camiseta verde que da luz a su tez chocolate.

 

Son las 8 de la mañana y empiezo a ver chavales con mochilas a la espalda. Pero Justine se mantiene tranquila frente a mí. « ¿No vas al colegio ? », le pregunto. « Ahora no », me dice. Atisbo un gesto leve de vergüenza y mido mi siguiente pregunta. « ¿No has terminado tus vacaciones ? », le digo sin dejar de sonreír. « Si », contesta, « pero es que no tenemos dinero para pagarlo ».

 

Me quedo helada, otra vez el golpe de la realidad africana. A estas alturas de mi viaje por este país ya sé que hay muchos niños que no pueden pagar las tasas de los colegios. No es eso lo que me sorprende. Es la elegancia con que me lo cuenta.

 

Ante mi silencio, Justine sigue hablando. Sus padres viven junto a sus hermanos en otro pueblo, lejos de Kyabacadde. Ella está aquí con su abuela porque su colegio está cerca. Ha acudido a estudiar durante todo el año, pero en este último trimestre a su familia no le ha llegado el dinero para saldar deudas con el centro y para pagar las nuevas tasas. Y Justine se ha quedado sin poder reencontrarse con sus compañeros.



 Niños volviendo del colegio en Kampala


En Uganda hay un colegio a cada paso. Basta darse una vuelta en coche para contar cinco o seis. Y lo primero que uno piensa es que es un país preocupado por la educación. Pero enseguida los ugandeses te corrigen. «No », dicen, « hay preocupación de los padres », « pero no del Gobierno ». « Si hay tantos colegios es porque hay muchísimos niños en este país », dice una madre de seis hijos.

 

Aquí los colegios privados son caros , pueden costar entre 500 y 600 euros al trimestre, depende de si es alguna institución u orden religiosa la que lo gestiona. Esto en un país en el que el sueldo medio neto no llega a los 200 euros mensuales. Y en el que la media de hijos ronda los 6 por familia.

 

Y los colegios públicos, que en realidad no son un servicio público y pueden costar hasta 100 euros al mes, no están bien valorados. Quien tiene interés en que su hijo salga adelante hace lo que sea por llevarle a uno de gestión privada.

 

La falta de calidad de la educación pública, aseguran, es un problema de implicación del Gobierno ugandés. Hay profesores que llevan más de un año trabajando y no reciben su sueldo. « ¿Qué interés voy a tener en trabajar si no puedo llevar dinero a casa ? », se justifica una profesora. « Y luego está la falta de material », añade, « es muy difícil educar así ».

 

Pero a sus 14 años, Justine tiene asumida la situación. Y tras ese microsegundo de vergüenza me sigue contando que estudia en casa, « Me han dejado los libros », dice. «Me tendré que presentar a un examen a final de trimestre, aunque espero que mis padres consigan el dinero pronto ».

 

Mientras se aleja en un camino de plátanos y eucaliptos, se oyen las voces de sus compañeros gritar tras la valla metálica que delimita el colegio. Justine se vuelve y me repite « Gracias por venir a visitarnos ». Antes de que yo pueda desearle suerte ha echado a correr. Es hora de sentarse en el salón de la abuela y estudiar.

 Marta Carazo Sebastián

 

 

 

 


 

 

 

 

UN VEHICULO, UNA VIDA 2

Publicado el 20 Ee agosto Ee 2015 a las 0:00 Comments comentarios (0)

Terese está embarazada y como cada mañana se levanta para hacer todas las tareas de una madre en Lume , una pequeña población rural en Kivu Norte. Se siente algo indispuesta, pero no está asustada, no es el primer hijo que tiene. Es joven y fuerte. De pronto, los dolores le pillan desprevenida. Siente que puede controlarlos, tiene muchas cosas que hacer. Pero no es así. De pronto tiene la sensación de que algo va mal. Acude rápidamente al “dispensario” más próximo, el de Saint Raphael, una pequeña construcción de adobe con catres de madera. Más allá de botellas de suero, no hay mucho más. Los sanitarios que lo atienden no pueden hacer frente al parto, que viene con dificultades. Pero no hay vehículo para trasladar a Terese al centro de Salud de Beni Paida, el más cercano, a 60km. No hay tiempo que perder y alguien se ofrece a trasladarla en moto. El terreno es terrible, cuando llega al centro de salud, su bebé nace sin vida.




Desde KIVUAVANZA queremos ayudar a comprar un coche de segunda mano que pueda hacer las veces de ambulancia para trasladar a los enfermos,

¿nos ayudas?

 

 


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UN VEHICULO, UNA VIDA

Publicado el 31 Ee julio Ee 2015 a las 14:35 Comments comentarios (0)



Es sábado, hace un tiempo estupendo y decides dar un paseo en bici por el campo. Todo apunta a que será un día fantástico. Te vistes, inflas las ruedas de tu bici y empiezas a pedalear. El sol empieza pronto a apretar. Vas tranquilo y no sospechas lo que está a punto de pasar. El conductor de un coche, cegado por la luz, no te ve, pasa demasiado cerca y te tira al suelo. El golpe te deja herido. No parece grave, pero tu pierna duele demasiado, no puedes moverte. Alguien llama a urgencias…en poco tiempo te encuentras en el centro de salud del pueblo más cercano. Allí, el médico local decide que hay que trasladarte a un hospital y pide una ambulancia. Te sientes cada vez peor, te sube la fiebre y sientes escalofríos. La ambulancia no llega…Pasa una hora, dos tres….no hay vehículos disponibles…y la ambulancia nunca llega. El hospital está a 60km…Nadie puede llevarte. Una historia poco creíble, ¿no?


Algo así, un accidente y 60 km de distancia terminaron con la vida del joven de nuestra historia, triste, pero real, en el precario centro de salud de Saint Raphael, donde no tenían medios para curarle. Tampoco había ningún vehículo para llevarle al hospital más cercano, el de Beni-Paida. Murió en unas horas.
Desde KIVUAVANZA queremos ayudar a comprar un coche de segunda mano que pueda transportar enfermos hasta allí,

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